Descripción del proyecto
El Festival de Teatro Grecolatino de Málaga
El descubrimiento del teatro romano de Málaga en 1951 impulsó un importante movimiento cultural que culminó con el Festival de Teatro Greco-latino de Málaga. Dirigido por Ángeles Rubio-Argüelles, el festival transformó el monumento en un espacio local activo, combinando tragedias y comedias clásicas con adaptaciones modernas. A lo largo de casi tres décadas, las producciones reflejaron tanto la vida cultural local como las realidades políticas del franquismo y de la transición democrática. Aunque marcado por limitaciones técnicas y conflictos burocráticos, el festival fue un referente teatral regional que introdujo obras inéditas y promovió el diálogo entre la antigüedad y la producción artística moderna. Con la muerte de Rubio-Argüelles y el auge del festival internacional dirigido por el Ayuntamiento y el teatro romano dejó de ser sede principal, consolidando una nueva etapa más profesional y abierta a corrientes internacionales.
Antecedentes y estado actual del tema
Fue en 1951 cuando, construyendo unos jardines en el exterior del edificio entonces llamado Casa de la Cultura de Málaga, se descubrió oficialmente el teatro romano de la ciudad. Según el informe oficial, las autoridades no habían reconocido previamente los hallazgos como un teatro romano. El eco del descubrimiento se extendió a la prensa nacional hablando del hallazgo de una ‘nueva Mérida’. Después del entusiasmo inicial, una serie de intervenciones arqueológicas y restauraciones contribuyeron a la consolidación y puesta de valor del monumento durante la misma década. Además, tras la recuperación del uso sistemático del teatro de Mérida en 1953, intelectuales locales de Málaga abogaron por la reconstrucción y consolidación del teatro, con la intención de reutilizarlo. En 1958 se empezó a hablar de su uso como espacio de representaciones teatrales. En una época en la que las compañías teatrales malagueñas representaban una comunidad semiprofesional, la creación de un festival anual fue un gran acontecimiento.
Fuentes históricas que incluyen material de archivo y la prensa nacional y local junto con la bibliografía académica existente, sirven para reconstruir la tradición artística que la compañía local ARA creó en el teatro romano de Málaga desde 1959 hasta 1984. Dichas fuentes también sirven para evaluar el impacto de las representaciones de drama grecolatino como eventos artísticos a nivel local y su rol dentro de la producción teatral nacional. Las obras que la compañía representó en el Festival Grecolatino de Málaga fueron fruto de una iniciativa independiente, financiada principalmente por Ángeles Rubio- Argüelles, directora de la compañía y promotora de los espectáculos, y el Ayuntamiento de Málaga. La falta de ambición nacional o internacional permitió una mayor libertad en la elección de las obras. Por último, esta tradición artística local fue determinante para la formación de nuevas dinámicas sociales y relaciones políticas de la ciudad, que influyeron en cuestiones de protección del patrimonio y de censura. Mientras los grandes festivales de teatro clásico consolidaban su posición como espectáculos nacionales en la década de 1950, las autoridades periféricas descubrieron una oportunidad para atraer turismo y producir espectáculos culturales en sus sedes clásicas invitando a compañías de renombre a actuar. Del mismo modo, las compañías teatrales más pequeñas consideraron estos lugares adecuados para sus producciones e intentaron sistemáticamente reutilizarlos.
Esta evolución sociocultural se correspondió con la festivalización de la cultura y el aumento del tiempo libre en Europa. En este proceso de festivalización convergen tradiciones, instituciones y géneros de representación cultural que conforman las identidades colectivas y la comprensión del espacio público. Fruto de estos cambios sociopolíticos y culturales fue también la popularización de la cultura clásica en el caso de estudio del teatro romano de Málaga.
Tres proyectos arqueológicos, financiados por el Ayuntamiento de Málaga, descubrieron parte de la cávea, y hasta 1962 se realizaron intervenciones parciales en las inmediaciones del teatro. Por la misma época, un estudio sobre el teatro romano de Acinipo, situado a unos 100 kilómetros de la ciudad de Málaga, puso en perspectiva el emergente movimiento turístico que conservaba una actitud romántica hacia la materialidad de los monumentos clásicos. La primera edición del Festival Grecolatino de Málaga, como se denominó, se celebró en 1959 con Las Nubes, y con el edificio de la Casa de la Cultura todavía en pie provocando ásperas disputas. Fue un espectáculo independiente financiado principalmente por Ángeles Rubio-Argüelles. Aunque las relaciones de la organizadora con el Ayuntamiento fueron inestables, inicialmente el espectáculo contó con el apoyo de la corporación municipal, sobre todo en temas de logística y propaganda.
Durante los Festivales que se sucedieron desde 1959 hasta 1984, cuando muere Rubio-Argüelles y finalizan los espectáculos, se llevaron a escena muchos estrenos nacionales de teatro clásico. Al mismo tiempo, la falta de ambición nacional o internacional, como la vemos en cierta medida en Mérida, permitió una mayor libertad en la elección de las obras, por ejemplo, con la puesta en escena de muchas adaptaciones o espectáculos mixtos que serían impensables en Mérida. Salvo muy pocas excepciones, en la celebración del Festival de Málaga, ARA fue la única compañía que participó. Esta realidad cultural convirtió el uso del espacio público en un privilegio exclusivo de una compañía que se apropió sistemáticamente del teatro romano. Aunque el proyecto de Rubio-Argüelles presentaba una alternativa local o regional al espectáculo nacional de Mérida, su posicionamiento político e ideológico ofrecía un espectáculo para la alta sociedad que se dirigía a una élite social local. Hasta 1963, todas las representaciones eran versiones escritas por el periodista y crítico teatral Alfredo Marquerie.
En la primera década, la comedia grecolatina dominó el teatro de Málaga como con Formion de Terencio en 1960 y el estreno nacional del Dyskolos de Menandro en 1961. La primera tragedia se puso en escena en 1962 con Medea, que acompañó ese año a Menaechmi de Plauto. Los festivales se llevaban a cabo al tiempo que continuaba la excavación del teatro y, así, en 1962 se habían descubierto solamente los 2/3 de las gradas. Las representaciones tenían lugar en el espacio restante del escenario, especialmente en su lado sur. Su paulatina revelación permitió una mayor asistencia de público, pero las dificultades técnicas con la Casa de la Cultura cubriendo gran parte de la escena hasta los años noventa condicionaron las representaciones, además del ruido por la concurrida calle Alcazabilla justo delante.
Estos primeros años, la prensa local (sobre todo el Diario Sur) ayudó a que el festival se consolidase. En 1964 el festival fue copatrocinado por la Subdirección General de Cultura Popular y la Delegación Provincial de Información y Turismo de Málaga, al incluirse por primera vez en los Festivales de España. A partir de ese año, 1964, el Festival Grecolatino de Málaga pasa a ser un evento más consolidado, mientras se organizan más espectáculos anuales con variedad de directores. Tanto en 1967 como en 1968 se ofrecieron un gran número de obras clásicas y modernas que daban un carácter variado al festival. A pesar de su carácter local, el festival se alineó con la retórica política nacional y celebró la conmemoración de los “25 años de paz”, la celebración propagandística de la victoria del bando sublevado en la guerra civil española y el establecimiento de la dictadura. Para cumplir los nuevos requisitos, la ARA adoptó un perfil más profesional.
El Festival de Málaga de 1967 estuvo marcado por importantes acontecimientos, como la renovación de la producción dramática en el teatro. Una nueva compañía teatral interrumpió el uso exclusivo del monumento por ARA y amplió el repertorio del Festival, que incluía dramas clásicos y modernos. Estos últimos incluyeron Salome, de Oscar Wilde, Macbeth de Shakespeare, Ondina de Jean Girandoux, Antonius and Cleopatra de Shakespeare, Roma se Divierte de Cadenas Gilbert etc. El festival tuvo una producción bastante variada, siempre intentado representar temas en el espíritu del teatro grecolatino, pero arriesgando en la representación de obras también más variadas.
Los festivales producían una significativa actividad artística que comprometía a la población local, pero cuestiones sociopolíticas a veces provocaban complicaciones con la celebración de los festivales. Aunque el festival se había inscrito también en los Festivales de España, como se ha mencionado, el estado deteriorado del teatro durante el resto del año y las complicaciones que generó el conflicto de competencia entre diferentes autoridades sobre su conservación provocaron tensiones. Sin embargo, esta tradición artística local fue determinante para la formación de nuevas dinámicas sociales y relaciones políticas de la ciudad, que influyeron en cuestiones de protección del patrimonio y de censura.
Fue una iniciativa local que empezó con un descubrimiento fortuito, pero que funciona como un caso de estudio ideal de la realidad histórica y cultural de la época. La multiplicación de los festivales de drama grecolatino en teatros o espacios antiguos fue un fenómeno europeo que creó nuevas perspectivas artísticas. Además, en ocasiones representaron una nueva narrativa fuera de la autoridad nacional que se representaba en los festivales de gran escala y ofrecieron un espectáculo descentralizado que en muchas ocasiones permitió el uso más libre del drama clásico y la adaptación de los temas escogidos.